Se trata de un nuevo sistema de usura legalizada está empezando a aplicarse en Suecia, y todo apunta a que pronto lo veremos aplicado en nuestro país en los anuncios matutinos dirigidos a amas/os de casa en situación precaria. Todo es tan sencillo como mandar un SMS, y casi al instante recibes una transferencia de hasta 300 euros. Como un milagro. Por supuesto, la letra pequeña dice que hay que devolverlos en 30 días, y con un 18% de interés. Si no hay posibilidad de cubrir la devolución en ese plazo, no hay problema: se envía otro SMS y se recibe otra ayuda, pero los intereses crecen de forma exponencial.
Además del obvio peligro que supone el nuevo sistema de solicitud de préstamos a alto interés, se añade que el objetivo potencial de este sistema es la nueva generación de jóvenes con bajo salario, puesto que el negocio de los SMS está principalmente en estos. Las compañías que se dedican a estos negocios niegan que estén generando problemas y señalan que sus clientes tienen una edad media de 32 años y que su tasa de impagos es únicamente del 2%.
Las autoridades se están planteando legislar seriamente este tipo de préstamos, que en algunas ocasiones llevan a lo solicitantes a situaciones desesperadas. Este tipo de prácticas creo que rozan el fraude, y desesperan al arriba firmante, pero debo serenarme y conceder que no hay por qué demonizarlo tanto. En algunos casos, estos préstamos que exigen poco (a diferencia de los bancos, que no conceden créditos con tanta facilidad) sí que son una solución para un bache o para iniciar un negocio, por ejemplo, y es cierto que hay casos en que uno puede ser perfectamente consciente de que va a devolver más dinero del que recibe, pero aún así le interesa hacerle frente, sabiendo que en un futuro su economía sí va a mejorar. Pero la poca información que ofrecen, lo disparatado y acuciantemente irreal y subterfugio de su publicidad y la intención soterrada de llegar a clientes desesperados y de bajo nivel cultural, es lo que las convierte en motivo de mi ira.
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