Según todos los índices de las más prestigiosas consultoras, la morosidad ha comenzado a sentirse durante el último trimestre del presente año y las previsiones para el año próximo son francamente pesimistas. Y no solamente nos referimos al impago de particulares si no que los incumplimientos entre empresas se han elevado hasta casi del doce por ciento comparándolos con el mismo periodo del año anterior.
Esto significa, naturalmente, un deterioro general de la economía y, por tanto, falta de confianza en el próximo futuro.
¿Cómo se enfrentan las instituciones financieras ante este riesgo aumentado? Muy sencillo: suben los tipos de interés y endurecen las condiciones para prestar dinero.
Tocan tiempos de arrascarse el bolsillo.

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