Hasta hace bien poco años tenía absoluta vigencia el dicho “tanto tienes, tanto vales”. Desde un tiempo acá ya se tornó en “tanto debes, tanto vales”. Porque pudiera parecer, a simple vista, que endeudarse es empresa fácil, y nada más lejos de la realidad.
A menudo tienes que tener para que una entidad te dé. De otro modo, será calderilla lo que tengas prestado. Pero si eres de los que ha conseguido deberle mucho al banco, estás de enhorabuena: el banco te necesita tanto como tu a él.
De manera que no sientas inseguridad ni timidez si te ves obligado a renegociar tu deuda porque la situación económica te sea temporalmente desfavorable. Lo más práctico es sentarte frente al director de tu sucursal, plantearle el problema y tratar de buscar una solución conjunta.
Mientras debas, existes.

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