5. Hogar: la oferta y la demanda
Cuando nosotros hablamos de demanda, nos estamos refiriendo a la cantidad de bienes que el individuo necesita, para satisfacer sus necesidades.
Pero ¿qué sucede en nuestra familia y en la actualidad? Teniendo en cuenta que anteriormente habíamos dicho que vivimos en una época de consumismo y que somos objeto de los bombardeos publicitarios de todos los productos que se encuentran en el mercado.
Entonces, ¿qué debe de hacer el padre administrador para poder saciar esta demanda?
Muy sencillo: debemos planear la comida para la siguiente semana, si se cobra por semana o la de la siguiente quincena. Hay que documentarnos cuales son los alimentos que en esa temporada están más económicos por ser de demanda inmediata, y realizar con ellos un sin fin de recetas que nos pueden sacar de apuros.
Pongamos un ejemplo: en Semana Santa es característico consumir pescado, pero si tenemos otros productos que son igual de ricos y que son propios de la temporada, como las calabazas, coliflor, espárragos, acelgas, etc. y son productos que no son cambiantes en su precio, podemos echar mano de ellos en esta época en que los peces y mariscos están precisamente muy elevados en su precio porque la gente lo exige.
Es aquí donde interviene la palabra oferta: la mayoría de la gente cree que oferta es una reducción en el precio, lo que puede ser parcialmente cierto desde un punto de vista mercadologico.
Pero si lo estudiamos desde la economía, oferta es la cantidad de productos que se fabrican o se venden y a los que no necesariamente se les redujo el precio.
Cuando los comerciantes saben que un producto se va a consumir excesivamente no le baja el precio, y por el contrario se lo sube. Por eso en la época navideña se gasta tanto porque la mayoría de los comerciantes saben que con tal de estar contentos de comer lo que no se comió en todo un año y de regalar a nuestros seres queridos no nos va importar el precio.
Pero ya a estas alturas debemos administrar tanto nuestro tiempo como nuestro dinero y podemos ir realizando las compras, sobre todo los regalos de fin de año, en la época de agosto, y así cuando llegue diciembre ya habremos comprado todos los obsequios que necesitábamos.
Lo mismo podemos hacer con nuestra cena de Navidad o de fin de año, ir comprando todos aquellos productos que no pueden echarse a perder y que vienen envasados al vacío, y así cuando lleguen esas fechas decembrinas solamente adquiriremos los productos que no se podían almacenar pero no gastaremos tanto.
Podemos hacer lo mismo con los Reyes Magos, o Papá Noel: ir adquiriendo poquito a poco desde junio o julio los regalos para los chicos y así nunca dejaran de llegar -que triste es ver una carita de un niño sin un regalo esas fechas y todo debido a una falta de previsión-.